Él portador de Mugen no suele tener consideraciones de ninguna índole con nadie… Solo esta vez haría la excepción. En primera, por que él niño iba de paso; en segunda, por que probablemente no le volverá a ver, así que no tiene nada de malo tener uno que otro gesto… Cordial, ¿cierto?
—Vamos por algo de comer primero.
Se puso en marcha, tomando el pasillo de la izquierda. El castaño no debía de preocuparse por comer poco, la Orden cuenta con un montón de cocineros, quienes preparan platillos de todo tipo para saciar cualquier exigencia, esa era una de las pocas cosas que le gustan de aquí: La comida.
Le sorprendió las palabras de aquella persona, no deseaba ocasionar molestias pero tampoco sería bueno rehusar la hospitalidad de Kanda. Siguió sus pasos, todavía preguntándose el propósito de ese edificio.

—Este lugar es enorme… —señaló lo evidente, después sentía que aun no había visto nada pese al trecho que habían caminado— ¿Usted vive aquí?





